claalc Agente

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Publicado: Mie Dic 05, 2007 10:43 am Asunto: Indiana Jones: Salvado por la Campana |
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>>> INDIANA JONES: SALVADO POR LA CAMPANA <<<
Y entonces se oyó un disparo que precedió a la caída de la gigantesca campana.- ¡Quieto!- le gritó una voz. Era un oficial nazi que se había escondido tras el instrumento y que, con motivo de pillar por sorpresa a Indy en su entrada a la estancia, había efectuado un tiro contra su sujeción. La campana cayó la veintena de metros que alcanzaba aquella torre, destrozando las baldosas sobre las que ahora reposaba y manteniéndose en posición vertical. El alemán apenas se inmutó a pesar del estruendo que produjo el cuerpo metálico: continuaba apuntando a su rival arqueólogo con su pistola de 9 mm. Indy reconocía aquella arma: era la preferida de la Gestapo, el servicio secreto de los nazis. Debía tratarse de un espía que le había estado siguiendo en solitario con el objetivo de arrebatarle el crucifijo de San Pedro, la reliquia que pretendía añadir a su amplia y exquisita colección. Por supuesto, el nazi no quería el objeto para un fin tan didáctico sino para investigar si era cierta la leyenda que se le asignaba: se decía que tenía el poder de hacer invisible a aquel que le llevara consigo. Una habilidad realmente apetecible para un espía como él y toda una ventaja por parte del ejército alemán en su lucha contra los aliados. Indy tenía que evitar a toda costa que cayera en sus manos.
- Continúe con su trabajo, doctor Jones.- le ordenó el agente.- Espero que, por su bien, tenga éxito. Pero antes tire su revolver al suelo.
Indy obecedió la orden, luego dio la espalda a su enemigo y se dirigió hacia el arco que daba acceso a la estancia y que conducía a las escaleras.- ¡No dé un paso más!- le advirtió el espía.
- Necesito analizar la campana que acaba de tirar.- no era cierto, pero el arqueólogo sabía que la única oportunidad que tenía de librarse de su rival podía estar en los estrechos tramos de escaleras. Y la vio venir en el último piso: en un veloz movimiento, se apoyó con su mano izquierda en la barandilla de madera y saltó al hueco, cayendo en uno de los laterales de la campana. Inmediatamente después la bordeó para evitar el disparo que efectúo su captor.
- Usted se lo ha buscado, doctor Jones. Ahora no sólo encontrará el crucifijo para mí sino que lo hará con una bala incrustada en una de sus piernas.- el nazi efectuó el mismo descenso que había llevado a cabo su presa. Indy aprovechó el intervalo en el que el alemán estaba en el aire para propinarle un fuerte latigazo nada más llegar al suelo. Le acertó de lleno en la cara, provocándole un intenso dolor a parte de una larga cicatriz que le cruzaba prácticamente todo el rostro. Sin otorgarle tiempo para recuperarse, se abalanzó sobre él con una sarta de potentes puñetazos. Aunque primeramente le propinó una patada en la mano en la que portaba la pistola. El arma salió despedida unos cuantos metros. El espía quiso detener alguno de los feroces ataques del americano, pero le resultaba imposible. Se encontraba bastante aturdido tras semejante demostración de fuerza. No obstante, tal y como es propio de los alemanes, no sólo no se rindió sino que contraatacó, y de una forma tan agresiva y brutal que fue Indy quien se vio retrocediendo sobre sus pasos hacia la pared del otro lado con numerosas magulladuras. Por más que intentaba defenderse, el arqueólogo no hacía más que recibir poderosos golpes, hasta que vio la oportunidad de volver a dar la vuelta a la tortilla. Lo consiguió mediante una patada a la altura del estómago de tal intensidad que empujó al nazi con fuerza en dirección a la campana. Esta acción le dio pie para iniciar otra larga ofensiva que concluyó cuando agarró la cabeza de su adversario y la golpeó repetidas veces contra la campana. Fue lo que finalmente dejó inconsciente al alemán, cayendo al suelo como si de un objeto inerte se tratara.
Gracias a la escasa distancia que le separaba de la superficie de la campana de color dorado, Indy pudo discernir, de casualidad, una serie de grabados. Después de todo, parecía cierto lo que le dijo al espía acerca de observar el instrumento. Enfrascado en el descifre de aquel texto, que estaba en latín y discurría a lo largo de todo el contorno metálico, perdió la noción del tiempo, hasta tal punto que su oponente empezó a recuperar la consciencia. El problema estuvo, además, en que efectuó sus primeros movimientos cuando el doctor Jones se hallaba al otro lado de la campana. De esta forma, el arqueólogo no se percató de ello. El alemán jugaba, pues, con ventaja. Por si fuera poco, su pistola se encontraba a escasos metros de su posición. Le bastaría reptar silenciosamente para hacerse con ella, ya que el enorme instrumento encubriría su desplazamiento. Sólo esperaba llegar a cogerla antes de que Indy, en su recorrido circular, pasara por donde había permanecido inconsciente largo rato. La fortuna sonrió al nazi. Tomó la pistola y sorprendió de nuevo a su rival.
- Le debo una bala en la pierna, doctor Jones.- balbuceó el alemán, notablemente cansado de la pelea anterior. Su rostro estaba teñido de rojo.- ¿Cuál prefiere conservar intacta, la izquierda o la derecha?
- Puestos a elegir, la izquierda.- al espía le sorprendió la tranquilidad que le transmitía su víctima. Apuntó entonces a tal extremidad con motivo de fastidiarle aún más. Apretó el gatillo, una y otra vez durante media docena de veces, pero no se produjo disparo alguno. Indy metió la mano en su bolsillo derecho y le enseñó 4 casquillos.- Creo que necesitas esto.- le dijo mientras le mostraba su clásica sonrisa ladeada. Luego cerró el puño y se las lanzó a la cara. El siguiente movimiento fue desenrollar una vez más su látigo y propinarle otro contundente golpe a la altura del pecho. El nazi se retorció de dolor. Indy aprovechó para darle un puntapié en la barbilla que le dejó definitivamente noqueado. Aún eso, el arqueólogo no se fió esta vez de la inconsciencia de su enemigo, por lo que utilizó los cordones de sus zapatos para atarle las manos.
Así pues, pudo volver al trabajo. Terminó de traducir el texto de la campana, pero, para su desgracia, no logró sacar nada en claro de él. Su mensaje era demasiado abstracto como para obtener de él la localización de la pieza que buscaba. Cuando la desesperación se empezaba a adueñar de su persona, algo le llamó la atención en las baldosas que había roto la pesada campana con su caída. Le extrañó que el instrumento había atravesado el suelo, formando un boquete que bien podría descubrir la presencia de una estancia secreta. El problema que tenía ahora residía en cómo mover la campana de modo que le permitiera ver lo que había bajo ella. Era realmente pesada como para conseguirlo con la mera fuerza de sus brazos. Es más, necesitaría la ayuda de varios hombres. A menos, claro, que recurriese a su ingenio.
Fue a las escaleras, se puso de pie sobre una de las barandillas y saltó sobre el cuerpo metálico, atando después su látigo a la argolla de su parte superior. El otro lado le amarró a su caballo, al que introdujo en la abandonada iglesia. Sumando sus fuerzas a las del animal, obtuvo el resultado que esperaba: la campana se inclinó hasta caer de lado. Esto provocó, claro está, que se moviera su badajo, generando un sonido tan estridente que el nazi recuperó levemente su consciencia. Le debieron retumbar los tímbanos, pero la paliza que había recibido le impidió mantener los ojos abiertos más de unos pocos segundos antes de volver a cerrarlos.
Una vez frente al agujero, observó, entre los escombros de baldosas rotas y los tablones de madera que formaba el falso suelo, un pequeño cofre. Sus dimensiones coincidían con las que se decía que tenía el crucifijo, así que parecía que lo había conseguido. Cantó victoria antes de tiempo: en su interior sólo había una llave de bronce muy desgastada. No cabía duda que debía tener siglos de antigüedad. De hecho, según las observaciones de Indy, la databa de la misma época que el objeto que buscaba. Esa era la esperanza que le quedaba, de modo que le sería de utilidad a la hora de abrir el verdadero contenedor del crucifijo. La pregunta estaba clara: ¿dónde se hallaba la ranura para aquella llave? Tenía una forma ciertamente peculiar. Una forma que le recordaba a algo, pero en aquellos primeros instantes desconocía de qué se trataba. Le vino a la mente mientras miraba la campana.
- ¡Pues claro que es una nota musical!.- se respondió a sí mismo. El acertijo, en aquella ocasión, estaba bastante claro: la ranura debía ocultarse en la campana. No tardó en descubrirla en el badajo. En su interior, ahora sí, se hallaba la preciada reliquia de madera.- ¡Por fin!- exclamó, lleno de alegría. No le había resultado fácil, sobre todo por "el invitado sorpresa", pero como en otras tantas ocasiones, Indiana Jones se llevó lo que tanto esfuerzo le había costado hallar. Otra pieza más para su excelente y prestigioso museo arqueológico. _________________ No olvides visitar mi blog:
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