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Indiana Jones: Si Belloq hubiera sobrevivido

 
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claalc
Agente


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MensajePublicado: Lun Dic 10, 2007 9:21 am    Asunto: Indiana Jones: Si Belloq hubiera sobrevivido Responder citando

Como su título indica, es un final alternativo de En Busca del Arca Perdida.

>>> SI BELLOQ HUBIERA SOBREVIVIDO <<<

Belloq observó que su rival, Indiana Jones, cerraba los ojos, al igual que su compañera, Marion, cuando dos de sus soldados se disponían a levantar la cubierta del Arca de la Alianza. ¿Qué razón podía haber para que su apreciado arqueólogo no quisiera ver en qué se consistía una reliquia de tanta relevancia como aquella? Su impresionante curriculum, con éxitos tales como la obtención del Ídolo de Oro, reliquia que le arrebató hacía escasos meses, le hicieron confiar en su criterio: debía saber algo que él desconocía.

Así pues, siguió pronunciando las palabras de la ceremonia judía con los ojos cerrados, dando a entender que se estaba concentrando para entrar en comunicación con Dios. Los nazis, intrigados por ver qué salía del interior del cofre, no vieron en ello nada fuera de lo normal, así que continuaron con los ojos bien abiertos... hasta que una serie de visiones fantasmagóricas acabaron con sus vidas. Belloq, ante los estridentes gritos de sus compañeros, a punto estuvo de saciar su curiosidad volviendo a hacer uso de sus ojos. Sin embargo, aguantó hasta que dejó de sentir aquella intensa fuerza pasando alrededor de su cuerpo y el silencio volvió a reinar.

Abrió los ojos y lo primero que observó fue que el Arca estaba cerrada de nuevo. Lo siguiente que le llamó la atención fue la ausencia de todos sus compañeros nazis. No quedaba ni rastro de ellos, ni siquiera de sus ropas, armas o accesorios. También le impresionaron los destrozos existentes en todos los dispositivos eléctricos: focos, cámaras de vídeo, etc. Finalmente, miró hacia el doctor Jones y Marion. Al igual que él, habían sobrevivido gracias a haber prescindido de contemplar el poder divino del Arca.

- Marion, no te muevas.- le dijo Indy al observar que Belloq seguía con vida.- Simplemente quédate quieta. Quiero que piense que seguimos atados.- En realidad, las cuerdas estaban deshechas. Mantenían su posición, pero bastaría un pequeño gesto para que rompieran su forma circular y cayeran al suelo en forma de un conjunto de hilos de ceniza.

El arqueólogo francés, aún asombrado de lo que acababa de acontecer, se acercó lentamente hacia la pareja.
- Ha sido... Ha sido increíble, ¿verdad? - les comentó.- Definitivamente Dios existe.
- No lo creo.- respondió Indy.- Si así fuera, hubiera destruido a un diablo como tú.- el comentario provocó una carcajada en Marion, no así en Belloq, que tornó su gesto hacia uno más serio. Continuó avanzando hasta la posición de su oponente y le propinó una fuerte bofetada con el dorso de la mano derecha.

- Ahora la pregunta es: ¿quién me dará más dinero? ¿Los nazis? ¿Los aliados? ¿Tal vez una tercera potencia con ganas de dominar el mundo, como China, por ejemplo?- una vez más, el francés demostraba que lo único que le interesaba de su profesión era el dinero.

- Nadie te ofrecerá nada, Belloq, y te voy a decir por qué.- Indy le dejó intrigado con un silencio de apenas un segundo, momento tras el cual le propinó un potente puñetazo en el centro de la nariz.- ¡Porque te lo voy a impedir!

Belloq no salía de su asombro mientras un goteo rojo discurría por la parte superior de sus labios. "¿Pero no se suponía que estaba atado?" se preguntaba. Enseguida vio que había sido una treta del doctor Jones: las cuerdas estaban prácticamente desintegradas, otro de los muchos desperfectos provocados por la invasión espiritual. Sin perder un segundo más, el francés contraatacó con furia, deseoso de poner punto y final a la carrera de su rival de una vez por todas. Había fracasado en tal tarea en tantas ocasiones que en parte sentía vergüenza y en parte le embriaga una sed de venganza insaciable, lo que le daba una fuerza mayor que la que había podido disponer nunca antes en su vida. El combate cuerpo a cuerpo nunca había sido su especialidad. Se le daban mejor las armas de fuego, pero ante la carencia de cualquier tipo de pistola o ametralladora, se vio obligado a hacer uso únicamente de sus puños.

Indy, por el contrario, dominaba tanto un arte como el otro. Su experiencia le había demostrado que había que estar preparado para enfrentarse a todo tipo de obstáculos, no sólo trampas, sino también animales e incluso humanos deseosos por utilizar la arqueología como fuente de poder. Aquel era un claro ejemplo. Belloq quería obtener dinero a cambio de la reliquia, pero ese no era el verdadero problema. El asunto estaba en que iba a otorgar el poder de destrucción del Arca al mejor postor. Y ahí entraba lo que Indy consideraba intolerable.

El doctor Jones no parecía tener demasiados problemas para llevar la iniciativa en la pelea. Sus puñetazos eran más numerosos, más fuertes y más certeros. A Belloq de poco le servía su intensa furia ante semejante demostración de destreza combativa. Sus ataques eran fácilmente detenidos o esquivados por su adversario. Los pocos que lograba llevar a buen puerto carecían de la potencia necesaria para fomentar el aturdimiento de Indy.

Poco después, a Belloq comenzaron a fallarle las piernas. Prácticamente cada uno o dos golpes que recibía, caía al suelo, bien clavando una de las rodillas o bien tocando la superficie con la espalda. Sus magulladuras y brotes de sangre habían desmejorado su rostro hasta lo indecible. Presa de la desesperación, y viendo que le iba a ser imposible vencer a un contrincante tan superior, optó por echar a correr en dirección al Arca: iba a destaparla otra vez. Si tenía que morir, mejor que fuera de la mano de Dios.

- ¡No, Belloq, noooo! - Indy no quería que el arqueólogo francés se suicidara. Prefería llevarlo ante la justicia para que se redimiera tras los barrotes de una prisión y así tuviera una segunda oportunidad de llevar una vida normal y corriente, enmarcada dentro de la legalidad, unos cuantos años más tarde.- ¡Al suelo, Marion, y vuelve a cerrar los ojos!

Pero cuál fue la sorpresa de Indy cuando su enemigo se dio la vuelta a gran velocidad, aunque en sigilo, y le propinó un fuerte batacazo con una de las barras que se utilizan para transportar el Arca. Dado que Jones se encontraba tumbado boca abajo, Belloq le dio intencionadamente en la nuca, noqueándole por fin. Marion, extrañada de lo mucho que estaban tardando los espíritus en hacer acto de presencia, abrió levemente el ojo izquierdo, con el tiempo justo de ver al francés acercándose a ella con motivo de propinarla un golpe similar.

La mujer sabía que tenía que aguantar el mayor tiempo posible para que Indy pudiera recobrar la consciencia. Desconfiaba de sus posibilidades a la hora de enfrentarse a Belloq, no porque fuera más débil, ni mucho menos, sino por el mero hecho de que este portaba una peligrosa barra que le daba ventaja. El francés trazó un veloz arco con el improvisado arma, pero, para su sorpresa, su rival efectuó un no menos rápido salto hacia atrás con el cuerpo arqueado, esquivando el poderoso golpe dirigido a las costillas. El atacante lo volvió a intentar, pero Marion se movía de una manera verdaderamente ágil, esquivando todas y cada una de sus ofensivas. En un momento dado, logró agarrar la barra por el otro extremo, lo que inició un forcejeo por ver quién se quedaba con ella. En aquellos instantes de pura tensión, aquel objeto tenía más valor que el mismísimo Arca de la Alianza. Quien se hiciera con él, aumentaría sus posibilidades de victoria en un alto porcentaje. Era lo que tenían los combates cuerpo a cuerpo: cualquier pequeña diferencia en lo concerniente a accesorios, podía suponer que se inclinara la balanza hacia un contrincante u otro de una forma drástica.

Definitivamente, luchar no iba con Belloq. Lo suyo era el plano intelectual, no el físico, como así lo acababa de comprobar al perder la barra ante Marion. La mujer pronto inició una sarta de ataques, a cada cual más potente y doloroso que el anterior. El arqueólogo sólo podía cubrirse levemente con sus brazos ante semejante repertorio de movimientos. La tortura concluyó con un fuerte impacto a la altura de la mandíbula. Su intensidad fue tal que le hizo caer al suelo, sangrando por la boca más aún de lo que ya lo hacía como consecuencia de los puñetazos obsequiados por el doctor Jones. Su estado, próximo a la insconciencia, y su falta de energía le nubablan la vista y le impedían volver a ponerse en pie.

- Piedad, Marion, piedad.- susurró con un hilo de voz apenas audible. La mujer se contuvo de propinarle un último y concluyente golpe en la cabeza. En su lugar, se preocupó por la salud de Indy. Aún yacía sobre el suelo. Su postura indicaba que no se había movido ni un ápice durante el transcurso del enfrentamiento.

- ¡Indy, despierta, vamos!.- le instó su intrépida compañera, visiblemente afectada al ver que el doctor Jones no daba señales de vida. La sangre que brotaba de su cabeza tampoco era un buen augurio. De repente, un halo de esperanza se reflejó en el rostro de Marion cuando el lastimado arqueólogo comenzó a abrir los ojos.

- ¡Cuidado, Marion!- la gritó de repente, sin apenas haber levantando la cabeza. La mujer no tuvo de tiempo de reaccionar ante el nuevo ataque de Belloq, milagrosamente recuperado, que la propinó una fuerta patada a la altura del abdomen. La que fuera propietaria de un bar en Nepal cayó a un lado de Indy sobre el suelo, dolorida hasta tal punto que se veía incapaz de volver a ponerse en pie. Al menos en ese momento en el que Belloq pretendía coger la barra, que había quedado junto al brazo derecho de Indy. Por fortuna, el americano fue lo suficientemente rápido como para hacerse con el objeto y efectuar un barrido contra el francés, que volvió a reposar sobre el suelo. Inmediatamente después, Indy se puso en pie y se tiró de un salto sobre su adversario, colocando la barra sobre su cuello con motivo de estrangularle y terminar de una vez por todas con su vida. Belloq no estaba ya para muchos esfuerzos. Le dolía casi todo el cuerpo y se encontraba prácticamente agotado. Las últimas energías que le quedaban las había gastado en recuperarse del golpe que le encajó Marion con la barra y en la patada que le dio a ella. Así pues, absolutamente exhausto, su corazón dejó de latir unos segundos después. Sin embargo, Indy siguió ejerciendo presión hasta que estuvo completamente convencido de que, en efecto, había batido a su enemigio.

Fue entonces cuando el doctor Jones pudo pasar a preocuparse por el estado de su compañera, que aún se retorcía de dolor en el suelo. Afortunadamente, sólo se trataba de una magulladura, gracias a que el impacto se produjo por debajo de las costillas. Para celebrar la victoria, se besaron durante un largo rato antes de ponerse en pie y dedicarse por entero a trasladar el Arca y buscar un barco que les permitiera abandonar la isla y poner rumbo a casa.
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