claalc Agente

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Publicado: Mar Dic 04, 2007 11:30 am Asunto: Indiana Jones: Traición en Perú |
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De los 20 relatos que he escrito, éste es mi favorito.
>>> TRAICIÓN EN PERÚ <<<
Le iba a traicionar. Tal como le estaba advirtiendo su guía, su compañera en aquella expedición peruana, Jane, se iba a escapar con el Cofre de los Mahayos, la reliquia que tanto les había costado obtener. Estaba metiendo el equipaje en el hidroavión, así que Indy debía decidir en ese preciso instante si echar a correr a lo largo del embarcadero para impedir su posible huída o seguir confiando en ella como había hecho durante aquella agotadora semana. El guía continuaba insistiéndole acerca de las intenciones de la mujer, asegurándole que estaba convencido de que iba a despegar sin él.
- ¿Pero en qué te basas para pensar así de Jane?- le preguntó Indy justo en el momento en que se escuchó el rugido del motor del hidroavión. El arqueólogo giró la cabeza y vio que el vehículo empezaba a alejarse de la tarima de madera. Fue entonces cuando echó a correr todo lo más rápido que era capaz, alcanzado el extremo del embarcadero en apenas unos segundos. Después, tomó su látigo y le enlazó velozmente a una de las barras que constituían el tren de aterrizaje de la avioneta. De inmediato se vio impulsado hacia el agua, siendo arrastrado a gran velocidad por su superficie. A pesar de la fuerza que parecía instarle a soltar su látigo, Indy fue aferrándose más y más a él, tratando de acercarse al vehículo.
Estaba a punto de agarrarse al flotador de ese lado cuando se vio fuera del agua en apenas un segundo: Jane había despegado, probablemente sin saber que llevaba un pasajero. Aunque el nivel de riesgo aumentó considerablemente –si el látigo se rompía o si se soltaba, caería hacia una muerte segura sobre la selva del lugar- le costó menos alcanzar el tren de aterrizaje, gracias a la ausencia de la fuerza del agua. Una vez de pie sobre él, anduvo un par de pasos, no sin dificultad a causa del fortísimo viento, hasta situarse en la ventanilla del copiloto. Fue entonces cuando Jane se percató de su presencia. Su reacción no podía haber sido más comprometedora de cara al doctor Jones: abrió la puerta de una patada. El arqueólogo se aferró como pudo a la manecilla y al borde superior de la misma una serie de segundos que le parecieron interminables. Luego la fuerza del viento la volvió a cerrar y fue entonces cuando volvió a hacer pie en el flotador. Jane repitió su último movimiento, pero esta vez Indy se movió a tiempo de esquivar la puerta. Aprovechó, además, para introducirse en la cabina de un salto. Así comenzó un forcejeo entre los asientos mientras la avioneta surcaba los aires sin rumbo.
- ¡¡¿Por qué, Jane?!! ¡¡¿Por qué me traicionas de esta manera?!!- la preguntó el arqueólogo mientras se propinaban toda clase de golpes el uno al otro.
- ¡¡¿Acaso te extraña?!! ¡¡Tú ibas a hacer lo mismo!! – aquella respuesta hizo que Indy reflexionara. Se desplazó a la parte trasera de la cabina, dejando la pelea, en cuanto le vino a la mente la solución a aquel malentendido.
- ¡Espera, espera un momento! ¿Cómo sabías que yo te iba a traicionar? ¿No te lo habrá dicho el guía?
- Así es.- respondió la chica, que se quedó sin habla al descubrir que aquel duro enfrentamiento, en el que habían puesto en juego sus vidas, había sido obra de aquel peruano de aspecto bondadoso y gentil.
- ¡Maldito traidor!- gritó Indy al comprobar que el valioso cofre no se encontraba entre el equipaje. En efecto, les había robado la pieza a la par que les había enfrentado para evitar sospechas.- Nos la ha jugado bien.
- Aún no, todavía podemos cogerle.- respondió Jane mientras manejaba los mandos para dar la vuelta. Poco después, hizo lo propio para iniciar el descenso. Una vez divisaron el río donde habían estado hacía escasos minutos, vieron al guía avanzando por él con una pequeña lancha a motor.- Ahora se va a enterar de quién es Jane Wood.
- ¡No, Jane, no lo hagas! – la gritó Indy al ver cuáles eran sus intenciones: quería aterrizar sobre el peruano, arrollándole con sendos flotadores del hidroavión. El hombre, atónito al ver que semejante armatoste se estaba dirigiendo a su posición, hizo girar su embarcación para tratar de esquivar la embestida. No obstante, a la velocidad a la que se movía la avioneta, le iba a resultar totalmente imposible. Sólo la oportuna intervención del doctor Jones, que obligó a Jane a elevar el aparato, le salvó de la letal colisión.- ¡Nooo, se merece morir!
- No, Jane, nadie lo merece. Además, necesitamos el hidroavión en perfecto estado si queremos largarnos de aquí. Da la vuelta, sobrevuélale y saltaré sobre él.- la mujer entró en razón e hizo caso al arqueólogo sin rechistar.
Por su parte, el peruano había girado de nuevo con su lancha para retomar el rumbo que llevaba antes del inesperado regreso de sus “insatisfechos clientes”. Se había tranquilizado al ver que en el último momento cambiaron de opinión y decidieron no hacerle pedazos. Sin embargo, su tranquilidad le duró bien poco porque enseguida vio que volvían a por él. Esta vez se situaron a su lado a una distancia tan cercana que casi tuvo que agachar la cabeza para evitar que el ala de ese lateral le golpeara. Luego vio que se abría la puerta del copiloto y que por ella salía el americano que tan bien había pagado sus servicios, con cara de pocos amigos. Cuando se disponía a virar una vez más para alejarse del hidroavión, vio cómo su rival se abalanzaba sobre él de un salto, cayendo ambos sobre los tablones de madera que componían el suelo del vehículo. Apenas pudo defenderse ante el feroz atacante, que no cesaba de propinarle un puñetazo tras otro con una furia digna de la más salvaje de las bestias.
- ¡Basta, por favor, basta! – gritó el ensangretado traidor, dolorido a más no poder. Indy se relajó, se puso en pie y entonces observó que la lancha, que había seguido en marcha durante la corta pelea, se había ido torciendo en su descontrolado rumbo y se dirigía hacia una de las orillas rocosas. Reaccionó con tal presteza que logró evitar la inminente colisión. Aprovechó para apagar el motor.
- ¿Se puede saber qué le hecho yo para…? – Indy no concluyó la pregunta debido al estado de inconsciencia en el que había quedado el guía. Así pues, lo único que hizo fue coger la bolsa de cuero en la que se encontraba el pequeño cofre y regresar al hidroavión. Jane se alegró al comprobar que habían recuperado la reliquia y más aún cuando vio que su compañero había vuelto sano y salvo tras el arriesgado salto y su posterior enfrentamiento con el peruano.
Felices incluso en mayor medida que cuando encontraron el preciado objeto, la pareja despegó de nuevo y, al fin, puso rumbo a casa, Chicago, donde les esperaba Marcus Brody y su museo universitario. _________________ No olvides visitar mi blog:
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