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Indiana Jones VS Lara Croft

 
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claalc
Agente


Registrado: 14 Ago 2007
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MensajePublicado: Jue Nov 29, 2007 10:10 am    Asunto: Indiana Jones VS Lara Croft Responder citando

>>> INDIANA JONES VS LARA CROFT <<<

Y entonces se abrió la enorme puerta de piedra. Indy empezó a ver la sala que tanto tiempo y esfuerzo le había costado hallar: la Sala del Saarab, el dios de la tribu africana de los Katum. Ansioso por acceder a la estancia, se agachó y pasó por debajo del bloque rocoso mientras aún se mantenía en ascenso. Así no tuvo que esperar más de lo necesario para ver el pequeño busto que representaba a la deidad. Estaba situado en el centro de la sala, sobre un pedestal, a unos diez metros de su posición. Después observó que en la pared de en frente se estaba abriendo una puerta de similares dimensiones. Tras ella se encontraba una mujer de estilizada silueta. Sus atuendos eran realmente diferentes a todo lo que había visto Indy nunca. Además, portaba una linterna de reducido tamaño que, sin embargo, alumbraba mucho más que la antorcha que llevaba él. Incluso las dos pistolas que portaba en su bandolera ofrecían un aspecto muy sofistifcado, por no decir futurista.

- ¿Quién eres? – preguntó la arqueóloga con tono seco y gesto serio.

- Eso mismo te iba a preguntar yo.- le respondió Indy, también con cierta preocupación. Se temía lo peor: su rival no iba a querer compartir la reliquia. Él tampoco, por supuesto.

- Mira, me da igual. Lo único que importa es que el Saarab es mío.- le dijo la mujer mientras desenfundaba sus dos Handgun de 9 milímetros. Sólo podía hacer esa acción, ya que la de apuntar se veía interrumpida por la presencia del pedestal y la propia escultura.

- Eso todavía está por ver.- respondió Indy justo antes de ponerse a correr en dirección al valioso objeto. Su contrincante no tardó en reaccionar, efectuando el mismo movimiento. Prefirió no disparar ante el elevado riesgo de dañar a la estatua con sus disparos. Y si había algo que enfurecía a Lara Croft era que se dañaran los vestigios de la Humanidad.

Así pues, la escueta carrera, más bien sprint, les llevó a encontrarse cara a cara, agarrando cada uno un lado del busto. La aventurera inglesa tuvo que tirar sus pistolas al suelo para evitar que su oponente americano le arrebatara la pieza. El forcejeo apenas duró un par de segundos: el tiempo que tardó en ponerse en funcionamiento una trampa. Al haber ido corriendo, ninguno de los dos reparó en observar si había algún tipo de mecanismo oculto en el suelo, algo muy habitual cuando de proteger una figura religiosa se trata. El problema estaba en que habían pisado sendas baldosas de presión, una a cada lado del pedestal. Según la información que había ido recopilando Indy, sólo el chamán de la tribu tenía la potestad de coger el ídolo. Por tanto, los constructores de aquella sala habían creado ese mecanismo para detectar la presencia de más de una persona en ella: un indicativo claro de que se pretendía robar el objeto.

El pedestal comenzó a ascender. Indy y Lara, obsesionados por no alejarse de su objetivo, se aferraron como pudieron a los bordes del mismo, quedando suspendidos en el aire. Entretanto, se abrieron una serie de compuertas, una por cada esquina de la sala, de las que entró agua y más agua. Apenas alcanzó un metro de altura cuando empezaron a introducirse varios cocodrilos, hasta un total de cinco. La pareja de arqueólogos, entretanto, no cesaba de tomar altura. El techo, situado a unos cinco o seis metros, empezaba a encontrarse peligrosamente cerca. Tanto que Lara optó por lanzar el busto del pedestal para evitar que fuera aplastado. Indy, disgustado ante tal acción, no le quedo otra que darle la razón, pues, en efecto, el ascenso continuó hasta que ambos tuvieron que dejarse caer para conservar los dedos.

Nada más sumergirse, Lara buceó, cogió sus dos pistolas del fondo y salió a la superficie empuñándolas y disparando a los reptiles a diestro y siniestro. Indy, por el contrario, permaneció bajo las transparentes aguas. Había intuído que su rival se encargaría de los reptiles, así que aprovechó el momento para tratar de hacerse con la reliquia. Pero cuando a punto estaba de cogerla, uno de los cocodrilos abandondó la superficie y fue a por él. Se acercó por su espalda sin que el arqueólogo se percatara de su presencia hasta el último momento, pudiendo esquivar su letal mordisco. Después, le agarró como pudo las mandíbulas. Indy sabía que era la única manera de detener a uno de estos animales. El siguiente paso consistía en clavarle un cuchillo en la garganta, pero no veía la manera de sacarle de su cinturón sin dejar de agarrarle. Por si fuera poco, el tiempo corría en su contra, pues, al contrario que la feroz criatura, necesitaba respirar.

Cuando estaba a punto de soltarle para ascender a la superficie, de repente brotó un grueso hilo de sangre. El cocodrilo se quedó sin fuerzas a los pocos segundos e Indy pudo entonces ir a recuperar el aliento. Una vez respiró hondo, vio salir a Lara. Tenía un cuchillo ensangrentado en una mano.

- Gracias, me ha salvado la vida.- la dijo el americano.

- De nada.- le respondió la inglesa.- Espero que este gesto por mi parte nos permita llegar a un acuerdo acerca del busto.

Indy mostró la mejor de sus sonrisas antes de responder.- Por supuesto.- Y se dispusieron a bucear para localizarle en el fondo de la inundanda estancia. El agua seguía entrando, así que debían hallarle en el menor tiempo posible si querían que les sobrara el suficiente como para encontrar una salida antes de que el lugar se acabara anegando por completo. El otro peligro que había era la posibilidad de que volviera a entrar otro cocodrilo, algo bastante probable puesto que la procedencia del agua indudablemente debía ser el cercano río Tinis.

Afortunadamente para la pareja, Lara halló el busto a los pocos minutos. Por desgracia, justo en esos momentos accedía a la sala una anaconda de más de ocho metros de longitud. Lo peor era que ninguno de los dos se dio cuenta de su entrada, ya que los conductos por los que seguía entrando el agua se encontraban ya por debajo de ella. Así pues, Indy fue el primero en sentir el cuerpo del animal rozándole las piernas. Justo después, pasó cerca de Lara. Era obvio que estaba tratando de acorralar a ambos con motivo de estrangularles, su forma habitual de cazar.

Esta vez fue Indy quien desenfundó su puñal, ante la imposibilidad que tenía Lara de hacerlo, ya que tenía que cargar con la escultura. Sin más miramientos, comenzó a practicarla más y más cortes. Sin embargo, no parecían afectar demasiado al animal, que continuaba rodeando a Lara con una rapidez increíble. Tal es así que la arqueóloga enseguida empezó a notar la presión de su cuerpo a la altura del abdomen. Indy se acercó a su compañera y trató de liberarla, pero no había forma humana de lograrlo. Aplicaba una fuerza realmente poderosa. La única vía de escape residía en seguir rasgándola con el puñal, así que el intrépido profesor se sumergió y continuó con la tarea. El agua siguió tiñéndose de rojo más aún de lo que ya estaba tras la muerte de los cinco cocodrilos. Finalmente, cuando parecía que la anaconda iba a abandonar la batalla, se situó a espaldas de Indy y le mordió a la altura del muslo. Dolorido a más no poder, tragó algo de agua al gritar bajo ella. Subió a la superficie, tosió repetidas veces, respiró hondo y, lleno de furia como pocas veces en su vida había estado, se dispuso a clavar su arma blanca en la cabeza de la criatura. Fue entonces, y sólo entonces, cuando dejó de presionar a Lara, que se había visto obligada a dejar la reliquia para poder respirar algo más de lo que la permitía el feroz animal. Al fin pudo tomar aliento, tras lo cual preguntó a Indy por su estado. Esta vez él le había salvado la vida a ella, así que, como agradecimiento, le practicó el torniquete que le hacía falta para evitar que se desangrara. Indy sabía cómo se hacía, pero dado que estaba en el agua, le iba a resultar muy complicado de no ser por la colaboración de la arqueóloga.

Una vez debidamente vendado, el doctor Jones no tardó en ponerse a buscar una salida, al igual que Lara. Se encontraban ya a una distancia de apenas dos metros del techo, por lo que debían hallarla en poco tiempo. Muy poco tiempo. Lo único que se les ocurría era bucear y pasar a través de una de las aberturas por las que habían entrado los cocodrilos primero y la anaconda después. Se trataba de un plan arriesgado, pues desconocían la distancia que habría hasta la superficie del río, fuera a parte de que les separaban unos cuatro o cinco metros de inmersión. Si a eso se añade la posibilidad de toparse con algún otro depredador subacuático, no cabe duda de que había que pensárselo dos veces antes de optar por aquella salida. No obstante, era la única opción, ante la ausencia de cualquier otro tipo de mecanismo. Por más que miraban en las paredes, tampoco localizaban ningún tipo de texto que les proporcionara alguna pista.

Fue todo un descuido haberse olvidado de mirar el pedestal del busto. La tensión provocada por el peligro fue, sin duda, la culpable. Sin más dilación, Indy se dispuso a leer la primera frase. Lara se dedicó a la otra que había, situada en el lado opuesto, para lo cual tuvo que nadar alrededor de lo que ahora parecía una columna.

Apenas quedaba poco más de medio metro para que la estancia dejara de contener aire cuando la pareja de exploradores comprendió el significado del texto del pedestal. "Allí donde las almas vuelan libremente y descansan en paz" era una clara referencia al cielo y, en consecuencia, al techo. "Cosecha tu paz interior y alcanzarás la vida eterna" era algo más ambiguo, pero gracias al dibujo que había en la parte central del techo, que mostraba la silueta de un hombre con las extremidades abiertas, les sugirió que debían apoyarse sobre él. "Cosecha tu paz interior" podría traducirse como relajarse para, de esta forma, flotar y "alcanzar la vida eterna", es decir, la salvación que proporcionaría la salida oculta en el techo.

Así pues, se vieron obligados a esperar medio minuto más a que se llenara por completo la estancia. Tomaron aire justo antes de ese momento. Fue entonces cuando Indy, seguido de cerca por Lara, se colocó sobre la ilustración. Notó que había pequeños pulsadores de piedra en manos y pies, así que lo único que tuvo que hacer fue presionarles ligeramente al mismo tiempo para que una sección rocosa realizara un giro de 180º. De esta forma, lo que antes era el techo era ahora el suelo de una nueva estancia. Una completamente seca y llena de oxígeno, que ávidamente comenzó a inhalar junto a su compañera, que ahora se encontraba tumbada sobre su espalda.

El resto era ya coser y cantar. Un pasillo conducía a la jungla circundante, en concreto a la orilla del río que presumiblemente había anegado la anterior sala. Una vez fuera, la pareja de arqueólogos se preocupó por la salud de su compañero. Especialmente Lara, dado que Indy había salido peor parado. Andaba no sin ciertas dificultades, si bien el torniquete había cesado la hemorragia. A pesar de ello, el arqueólogo no mostraba interés alguno en su herida, sino que se preguntaba cómo iban a recuperar la reliquia. Lara le indicó que podían utilizar su equipo de submarinismo para acceder a la cámara. Jones respiró entonces tranquilo. Ya pensaba que se había quedado sin la costosa pieza, o que tenía que regresar a su país a por un equipo adecuado antes de hacerse con ella.

Otra cosa que también le dejó más calmado fue el hecho de que Lara se había comprometido a compartir el objeto con él. Eso les obligaba a venderle y repartir las ganancias, pero era lo más justo: al fin y al cabo, se habían salvado la vida el uno al otro. Si a esto añadimos la amistad que habían consumado, era indudable que ambos habían salido muy satisfechos del encuentro. Tal es así que, cuando se despidieron, esperaron volver a toparse algún día en alguna otra expedición arqueológica.
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